![]() |
| Las centrales de biomasa fomentan el monocultivo de especies como el eucalipto / Alef Morais |
28.4.2026
Científicos y organizaciones sociales y ecologistas redoblan sus advertencias contra el auge de las centrales de biomasa industrial, calificando esta fuente de energía como una "falsa solución" climática.
A pesar de que la normativa comunitaria la cataloga como renovable, muchas voces de la comunidad científica están alertando de que la quema masiva de madera para generar electricidad no solo no reduce las emisiones a corto plazo, sino que acelera la degradación de los ecosistemas forestales y pone en riesgo la supervivencia de numerosas especies al incentivar talas agresivas en entornos naturales vulnerables.
El principal punto de fricción reside en la denominada "deuda de carbono", un concepto que cuestiona la neutralidad de esta energía. Según ha señalado el Consejo Consultivo de las Academias de Ciencias Europeas (EASAC), la quema de biomasa forestal libera más dióxido por unidad de energía que los combustibles fósiles, y el tiempo necesario para que los nuevos árboles reabsorban ese carbono puede oscilar entre décadas y siglos. "La premisa de que la biomasa es neutra en carbono es simplista y peligrosa; estamos emitiendo carbono ahora mismo cuando lo que necesitamos es reducir drásticamente las emisiones en esta década", advierten desde la institución científica en sus informes de posicionamiento sobre la estrategia energética de la UE.
Desde el punto de vista de la biodiversidad, la preocupación se centra en el cambio de uso del suelo y la intensificación de la gestión forestal. Organizaciones conservacionistas han denunciado que la demanda creciente de las centrales térmicas de biomasa está transformando bosques diversos en "desiertos verdes" de monocultivos puesto que las centrales de biomasa no se alimentan solo de restos de poda, sino que impulsan talas de árboles enteros y la eliminación de la madera muerta, que es esencial para la fertilidad del suelo y también es el hábitats para insectos y aves, además de despojar a los montes de su capacidad de resiliencia frente al cambio climático.
Asimismo, diversas entidades han criticado la ineficiencia energética del modelo, señalando que gran parte de estas instalaciones solo sobreviven gracias a incentivos públicos que deberían destinarse a tecnologías más limpias. La Red Mundial de Bosques (Global Forest Coalition) ha sido tajante al respecto, afirmando que "subvencionar la quema de árboles es una forma de malgastar fondos públicos para destruir la biodiversidad". Según la coalición, el modelo industrial actual fomenta la importación de pellets a larga distancia y el transporte pesado, lo que incrementa la huella ecológica de una energía que se vende como sostenible pero que depende de una cadena de suministro de alto impacto ambiental.
A los riesgos ecológicos se suma la preocupación por la salud pública en las zonas rurales donde a menudo se asientan estas plantas. La combustión de madera libera partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno y otros contaminantes atmosféricos que afectan a la calidad del aire de las poblaciones colindantes. Por eso diversos colectivos vecinales han comenzado a organizarse por toda Europa para frenar proyectos de gran envergadura argumentando que estas instalaciones operan en la práctica como "incineradoras encubiertas" que, lejos de fijar población, degradan el entorno y comprometen el bienestar de los residentes bajo la promesa de unos pocos puestos de trabajo industriales.
Para los expertos la biomasa como fuente energética solo debería tener un papel marginal y estrictamente local, limitado al aprovechamiento de residuos agrícolas o forestales que no puedan ser reintegrados al suelo. Por eso consideran que la presión de la industria energética por convertir la masa forestal en un combustible a gran escala supone un retroceso en las políticas de conservación. "Si seguimos tratando a los bosques como simples almacenes de leña para quemar, perderemos la batalla contra la extinción de especies y el colapso de los ecosistemas", alertan los especialistas, al tiempo que exigen una revisión urgente de la legislación europea de energías renovables.
