Conflicto en Irán: la guerra invisible de las aseguradoras que puede paralizar el comercio mundial

Las decisiones de las aseguradoras condicionan en último término el mercado mundial de transporte de mercancías y bienes energéticos / Gerhard Traschütz

11.3.2026

Cuando se habla de conflictos en Oriente Medio, la mayoría de los analistas piensa en misiles, buques de guerra o bloqueos navales. Sin embargo, en la actual crisis en torno al Estrecho de Ormuz, la verdadera arma puede ser mucho más silenciosa: el sistema global de seguros marítimos.

Según los especialistas, el cierre efectivo de esta ruta energética no depende necesariamente de operaciones militares, sino de decisiones tomadas en despachos de aseguradoras. En un análisis reciente, sostiene que el comercio mundial puede detenerse simplemente cuando las compañías de seguros retiran su cobertura para navegar por una zona considerada demasiado peligrosa.

El resultado es una forma de bloqueo distinta: una “guerra de actuación”, en la que el comercio se paraliza no por la fuerza física, sino por el colapso de la confianza financiera.

UN PUNTO CRÍTICO DEL COMERCIO MUNDIAL 

El Estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más importantes del planeta. Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial -unos 20 millones de barriles diarios- pasa por este corredor entre el Golfo Pérsico y el océano Índico.

Tras el ataque estadounidense e israelí a Irán el tráfico marítimo se ha desplomado rápidamente, pero el factor decisivo no es en este caso el daño físico a los barcos, sino la reacción del sistema de seguros marítimos.

El transporte marítimo internacional funciona gracias a un complejo sistema de seguros de responsabilidad civil conocido como P&I (Protection and Indemnity). Sin esa cobertura, un barco no puede operar: ningún puerto lo acepta, ningún banco financia su viaje y ningún cargador arriesga su mercancía.

Siete de los doce consorcios de seguros más importantes del mundo, que cubren cerca del 90 % del tonelaje comercial global, han emitido avisos de cancelación de cobertura de guerra para el Golfo Pérsico. Y el resultado es que cuando estos seguros desaparecen, los barcos no dejan de navegar porque no puedan hacerlo, sino porque ya no es económicamente viable hacerlo.

El problema central para las aseguradoras es el mismo que paralizó los mercados financieros durante la crisis de 2008: la imposibilidad de medir el riesgo pues cuando el coste de evaluar el peligro supera el beneficio de asegurar el viaje, el sistema deja de funcionar. En ese momento, la cobertura se retira automáticamente y el comercio se congela, incluso aunque una mayoría de barcos pudiera cruzar sin sufrir ataques. Porque la lógica es puramente económica: si el riesgo no puede calcularse, tampoco puede fijarse un precio.

UN BLOQUEO QUE PUEDE SER MÁS DURADERO QUE LA GUERRA

Los conflictos militares suelen terminar cuando cesan las operaciones. Pero los mercados de seguros funcionan con otra lógica. Reabrir una zona de alto riesgo exige semanas o meses de análisis, nuevas primas y reaseguros que garanticen pérdidas catastróficas. Por eso algunos analistas consideran que la interrupción del comercio podría prolongarse mucho más que el propio enfrentamiento militar.

Mientras los inversores suelen esperar que el mercado energético vuelva rápidamente a la normalidad, el sistema asegurador puede tardar meses en restaurar la confianza necesaria para que el tráfico marítimo vuelva a fluir con normalidad.

En este sentido, la crisis revela un aspecto poco conocido del sistema económico global: el comercio internacional no se sostiene únicamente en acuerdos políticos o poder militar, sino en una delgada capa de confianza institucional.

Aseguradoras, reaseguradoras y entidades financieras forman una red privada que hace posible que miles de barcos transporten mercancías cada día. Si esa red se retira, incluso temporalmente, las rutas comerciales pueden detenerse sin que ningún país declare oficialmente un bloqueo porque en definitiva, el mundo globalizado depende tanto de los cálculos de actuación como del propio poder militar.