El cambio climático será la principal amenaza para la biodiversidad insular en 2050

Los ecosistemas insulares concentran casi el 20% de la biodiversidad del planeta / Abdulla Musab

11.8.2026

Las islas ocupan una pequeña parte de la superficie del planeta, apenas el 7 %, pero concentran cerca del 20 % de su biodiversidad, una desproporción que convierte estos territorios en piezas esenciales para la conservación de la naturaleza y, al mismo tiempo, en espacios especialmente vulnerables ante el cambio global, un nuevo estudio internacional advierte de que esa vulnerabilidad puede agravarse en las próximas décadas y calcula que en 2050 el cambio climático será la principal amenaza para el 65 % de los ecosistemas insulares.

La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) por un equipo internacional en el que participa el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, ofrece la primera evaluación global de la exposición de las islas de más de un kilómetro cuadrado a las principales presiones asociadas al cambio global, para ello los investigadores han analizado 16.578 islas y han combinado diferentes bases de datos con modelos de evaluación de la vulnerabilidad desarrollado específicamente a escala mundial.

El resultado dibuja un escenario especialmente delicado, el aumento de las temperaturas y la subida del nivel del mar asociada al cambio climático serán la amenaza predominante en casi dos tercios de los ecosistemas insulares, unas transformaciones que pueden alterar de forma profunda territorios donde muchas especies han evolucionado aisladas durante miles de años y cuya distribución se limita, en numerosos casos, a una única isla.

El cambio climático no será, sin embargo, la única presión sobre estos ecosistemas, el estudio calcula que los cambios en el uso del suelo constituirán la principal amenaza para el 22 % de las islas analizadas, con una incidencia especialmente destacada en regiones como Micronesia y Fiyi, el mar Báltico, la bahía de Bengala y el Sudeste Asiático, mientras que las especies invasoras serán el principal riesgo para otro 13 % de los territorios, especialmente en las islas templadas del norte de Europa.

La importancia de estas amenazas aumenta cuando se observa que no actúan necesariamente de forma aislada, muchas islas estarán expuestas simultáneamente a varias de ellas y esa acumulación de presiones puede multiplicar las dificultades para conservar sus ecosistemas, el estudio identifica de hecho un 5 % de las islas analizadas como los territorios con los niveles más elevados de exposición al conjunto de amenazas consideradas.

Estos puntos críticos se distribuyen por distintas regiones del planeta y afectan a territorios tan diversos como Seychelles, Polinesia Francesa, Bangladés, China, Fiyi, Micronesia, Dinamarca, Suecia, India y Japón, una distribución que muestra que la vulnerabilidad de las islas no es un fenómeno limitado a los pequeños territorios tropicales, sino que también alcanza a ecosistemas insulares situados en regiones templadas y densamente pobladas.

La situación resulta especialmente relevante por el valor ecológico de estos espacios, las islas albergan una cantidad extraordinaria de especies en relación con su superficie y concentran una elevada proporción de especies endémicas, aquellas que no se encuentran de forma natural en ningún otro lugar, por eso la desaparición de un hábitat insular puede tener consecuencias irreversibles para determinadas especies y para ecosistemas completos

Los investigadores consideran que esta situación exige reforzar las políticas de conservación precisamente en aquellos territorios donde coinciden varias amenazas, el estudio señala 31 países con un número desproporcionadamente elevado de puntos críticos y plantea la necesidad de aplicar estrategias adaptadas a las características de cada territorio en lugar de recurrir a soluciones uniformes.

Entre las medidas que pueden contribuir a reducir la presión sobre estos ecosistemas figuran la restauración de espacios degradados y la creación de áreas protegidas, actuaciones que pueden contribuir tanto a limitar determinados efectos del cambio climático como a reducir el impacto de las especies exóticas invasoras, según los investigadores.

La cartografía elaborada por el equipo científico pretende servir precisamente para orientar esas actuaciones, al identificar las islas con una mayor exposición permite establecer prioridades y concentrar los esfuerzos de conservación allí donde pueden resultar más necesarios, los autores advierten además de que todavía existen amenazas que no están suficientemente representadas en este tipo de análisis, entre ellas la contaminación por plásticos, los pesticidas, la contaminación lumínica y la sobreexplotación de los recursos naturales.

España también aparece en este mapa de vulnerabilidad, de las 28 islas españolas incluidas en el estudio, tres han sido identificadas como puntos críticos de exposición, la isla de Arousa, la isla de A Toxa y la isla Conejera, aunque el peso de las amenazas no es el mismo en todas ellas

En el caso de Arousa, la exposición se reparte de manera similar entre el cambio climático, las especies invasoras y los cambios en el uso del suelo, mientras que en A Toxa y Conejera adquieren mayor importancia las especies invasoras y las transformaciones del territorio vinculadas a la urbanización.

DIFERENTES FORMAS DE PRESIÓN AMBIENTAL Y UN NUEVO DESAFÍO 

Las proyecciones realizadas para 2050 no plantean, por tanto, un único problema para las islas, sino un escenario en el que diferentes formas de presión ambiental pueden superponerse sobre territorios pequeños y con una capacidad limitada para absorber cambios rápidos, el desafío para la conservación será anticiparse a esa transformación y actuar antes de que las alteraciones de los ecosistemas se conviertan en pérdidas irreversibles

El estudio ofrece así una advertencia y, al mismo tiempo, una herramienta para responder a ella, conocer dónde se concentrarán las amenazas permite dirigir mejor los recursos destinados a la conservación de la biodiversidad, especialmente en unos territorios que, pese a representar una fracción mínima de la superficie terrestre, sostienen una parte extraordinariamente importante de la vida del planeta.