Una transición energética que no cuadra: Antonio Turiel frente al espejismo de la "renovable eléctrica industrial"
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| El modelo REI, para Antonio Turiel, presenta evidentes errores de concepto / Pexels |
23.3.2026
El reconocido divulgador y científico del CSIC cuestiona la fe en el “todo eléctrico” y advierte de los límites físicos, materiales y sociales de una transición energética basada en grandes infraestructuras.
La transición energética se ha convertido en uno de los grandes consensos políticos y económicos de nuestro tiempo. Más renovables, más electrificación, más tecnología. Pero en medio de ese relato optimista, la voz del físico Antonio Turiel suena discordante: no niega la necesidad del cambio, pero sí cuestiona profundamente cómo se está planteando.
Para Turiel, la llamada “renovable eléctrica industrial” -un modelo basado en megaplantas eólicas y solares, electrificación masiva y sustitución tecnológica- es, en el mejor de los casos, una simplificación peligrosa. Y en el peor, un autoengaño colectivo.
EL MITO DEL REEMPLAZO
La crítica de Turiel parte de una idea incómoda: no basta con sustituir los combustibles fósiles por electricidad renovable. El problema no es solo qué energía usamos, sino cuánta y para qué. Porque aunque algunos dan por hecho que va a ser posible sustituir este tipo de recursos energéticos por un sistema 100% renovable, esto es muy cuestionable.
Además, este cuestionamiento no es retórico. Según ha explicado a menudo y detalla en las decenas de conferencias públicas desarrolladas por toda la geografía estatal, la electricidad representa solo una parte del consumo energético total, y además está ligada a sistemas industriales que hoy dependen de combustibles fósiles. Pensar en una sustitución directa, sin alterar el modelo económico, es ignorar la estructura real del sistema porque la transición energética no es un cambio de del barril al enchufe, sino un profundo cambio en la mentalidad de la civilización.
DEPENDENCIA FÓSIL DE LAS RENOVABLES
Para Antonio Turiel, una de las claves es la dependencia material de las renovables porque las placas solares, los aerogeneradores o las baterías de acumulación no aparecen de la nada, sino que requieren minería, transporte e industria pesada.
Es por ello que para el especialista, la transición energética actual se enfrenta a un problema de base dado que está construida sobre el mismo sistema fósil que pretende superar. En su blog "The Oil Crash", verdadera referencia estatal sobre el ámbito energético, ha advertido reiteradamente que el despliegue renovable "no es independiente de los combustibles fósiles", en una afirmación que resume la paradoja central del modelo. Porque el problema -añade-, no es sólo energético sino que también tiene un evidente trasfondo geológico porque materiales como el cobre, el litio o las tierras raras son finitos y su extracción tiene costes creciente a medida que mengua el recurso.
CUELLOS DE BOTELLA E IRREALIDAD
La gran promesa del modelo actual es la escalabilidad, multiplicando instalaciones hasta cubrir toda la demanda. Pero ahí es donde Turiel sitúa uno de los principales cuellos de botella. porque la cuestión no es técnica en sentido estricto, sino sistémica. La intermitencia de las renovables, las limitaciones de almacenamiento y la necesidad de redes eléctricas sobredimensionadas hacen que el modelo funcione bien en ciertos márgenes, pero no necesariamente a escala global sin transformaciones profundas.
Porque para el científico todo se vuelve más incómodo al asumir que el problema no es solo de oferta energética sino de demanda. En su enfoque, el verdadero debate no debería ser cuántos gigavatios renovables se instalan, sino qué nivel de consumo energético es sostenible. Y esa pregunta choca frontalmente con el paradigma del crecimiento. En esta línea, y según recoge en su trayectoria como divulgador, Turiel defiende el decrecimiento como un ajuste inevitable: una “disminución del metabolismo de la sociedad”.
MÁS ALLÁ DEL TECNO-OPTIMISMO
Más allá del optimismo tecnológico la crítica al modelo REI no es, para Turiel, un rechazo a las renovables sino que, al contrario, las considera necesarias, pero insuficientes si se plantean como sustituto total sin cambios estructurales.
Su propuesta pasa por lo que denomina a menudo como “tecnologías humildes”: soluciones más simples, locales y menos intensivas en recursos. Un enfoque que contrasta con la apuesta dominante por grandes infraestructuras y alta complejidad tecnológica.
Porque para Turiel, el diagnóstico es tan claro como incómodo: la transición energética no será limpia, rápida ni indolora. Y, sobre todo, no permitirá mantener intacto el modelo económico actual. De hecho, la pregunta que deja en el aire es tan simple como perturbadora: ¿puede una civilización basada en el crecimiento infinito sostenerse con recursos finitos?
