Un estudio científico de tres universidades alerta de múltiples riesgos ambientales en el estuario del Guadalquivir ligados a megaproyectos mineros como Aznalcóllar y Cobre Las Cruces

El drenaje ácido de minas (DAM) favorece la movilización de metales en los cursos fluviales que derivan finalmente a estuarios y costas / Wikimedia Commons

11.3.2026

Investigadores e investigadoras de tres universidades andaluzas alertan de que las evaluaciones ambientales de proyectos mineros en el estuario no tienen en cuenta procesos clave del ecosistema y advierten del riesgo de acumulación de metales pesados en sedimentos y fauna.

El trabajo, publicado en la revista científica internacional Integrated Environmental Assessment and Management, está liderado por especialistas de la Universidad de Sevilla, y cuenta con la participación de investigadores de las universidades de Cádiz y Granada.

Los autores sostienen que las evaluaciones de impacto ambiental de los vertidos mineros al estuario del Guadalquivir no están considerando adecuadamente el funcionamiento real de estos ecosistemas. Según el artículo, “una parte sustancial de los metales vertidos sería absorbida por la materia particulada”, lo que facilita su transporte y su acumulación en los sedimentos del estuario.

La investigación subraya que este tipo de sistemas ambientales no funcionan como simples corrientes donde los contaminantes se diluyen, sino como entornos dinámicos en los que las partículas en suspensión, los sedimentos y la actividad biológica influyen de forma decisiva en el destino y movilización ambiental de los metales.

SEDIMENTOS COMO DEPÓSITO DE CONTAMINACIÓN 

Una de las principales advertencias del estudio es que los sedimentos pueden convertirse en un reservorio de contaminantes durante largos periodos. Según los especialistas, en los ecosistemas acuáticos “los metales suelen concentrarse en mayor medida en los sedimentos que en la columna de agua”.

Esto implica que los impactos ambientales no siempre se detectan en los análisis de agua que suelen emplearse en los seguimientos técnicos. Con el tiempo, los metales acumulados pueden volver a liberarse o incorporarse a la cadena trófica.

El artículo recuerda además que el estuario del Guadalquivir ya presenta señales de contaminación asociadas a actividades mineras anteriores. Según los autores, los vertidos procedentes de la mina de Cobre Las Cruces han contribuido a que los sedimentos presenten “altas cargas de metales ecotóxicos”.

RIESGOS PARA LA CADENA ALIMENTARIA 

El estudio también advierte del potencial de los metales pesados para acumularse en organismos vivos. Los investigadores explican que, una vez disueltos, estos contaminantes pueden ser absorbidos por organismos acuáticos y trasladarse a lo largo de la cadena alimentaria.

El estuario del Guadalquivir es un espacio de gran valor ecológico y económico. Además de su conexión con espacios protegidos vinculados al entorno de Doñana, actúa como zona de reproducción y cría de numerosas especies de peces y crustáceos.

Por ello, los investigadores advierten de que la acumulación de metales en sedimentos o plantas halófitas podría terminar afectando a especies comerciales y, potencialmente, a la seguridad alimentaria.

EVALUACIONES AMBIENTALES "INCOMPLETAS"

El equipo científico considera que uno de los problemas centrales es que algunas evaluaciones ambientales de proyectos mineros se centran únicamente en las concentraciones de contaminantes en el agua. Según el estudio, estas evaluaciones “no incluyen la bioacumulación de contaminantes en la biota o solo prevén seguir las concentraciones de metales en el agua”, lo que deja fuera procesos ecológicos clave.

Para los autores, el análisis del impacto de los vertidos en estuarios debería integrar factores físicos, químicos y biológicos, incluyendo el papel de los sedimentos, las corrientes y los organismos que habitan el sistema.

UN DEBATE QUE VUELVE A AZNALCÓLLAR 

Las conclusiones del trabajo llegan en un momento especialmente sensible para el debate sobre la minería en Andalucía. El Gobierno del PP de Moreno Bonilla impulsa desde hace años la reapertura de la mina de Aznalcóllar, cerrada tras el desastre ambiental de 1998, cuando la rotura de una balsa minera vertió millones de metros cúbicos de lodos tóxicos al río Guadiamar, afluente del Guadalquivir.

Ese episodio sigue siendo uno de los mayores desastres ambientales en España y dejó una profunda huella en el debate sobre la seguridad de la actividad minera en la región.

Además, a ello se suma el caso de la mina de Cobre Las Cruces, en el área metropolitana de Sevilla, cuyo proyecto minero ha estado rodeado de controversia durante años por los impactos sobre acuíferos y vertidos.

En ese contexto, el nuevo estudio científico cuestiona muchas de las bases técnicas utilizadas para justificar los vertidos al estuario y plantea la necesidad de evaluaciones ambientales mucho más críticas y detalladas. 

Nuestro análisis muestra la complejidad de los ecosistemas de los estuarios y apunta a la importancia de evaluar el metabolismo de los metales en relación con los sedimentos y la biota”, concluyen los investigadores.