De la balsa a la mesa: la amenaza silenciosa que crece en suelos agrícolas contaminados por desechos mineros

El estudio demuestra que la movilización de metales es una realidad a tener en cuenta en los entornos afectados por desastres derivados de la actividad extractiva

14.2.2026

Un reciente estudio publicado en la revista Environmental Geochemistry and Heath pone el foco en un problema de enorme relevancia: la afectación de cultivos alimentarios por residuos mineros.

La investigación analiza como los denominados "relaves" -desechos que deja la actividad extractiva- pueden liberar elementos potencialmente tóxicos como el plomo o el cadmio, que acaban entrando en la cadena alimentaria.

El trabajo se centra en el estuario del río Doce, en Brasil, una zona que desde el 2015 recibe millones de toneladas de residuos procedentes del colapso de una balsa minera que provocó el mayor accidente ambiental de la historia del país. Los científicos, pertenecientes a la Universidade de São Paulo, la Universidade Federal do Espírito Santo y la Universidade de Santiago de Compostela, estudiaron suelos y cultivos básicos como banana, mandioca (yuca) y cacao, tres alimentos esenciales para la población local. Para evaluar el impacto, midieron las concentraciones totales de metales en las plantas y calcularon indicadores de riesgo como el "cociente de peligro" (Hazard Quotient, HQ) y el "índice total de peligro (Total Hazard Index, THI), dos herramientas habituales en salud ambiental que permiten estimar si la exposición a contaminantes puede resultar dañina.

Los resultados mostraron concentraciones elevadas de metales como cadmio, cromo, cobre, níquel y plomo en las partes comestibles de las plantas. En particular, el THI superó el valor de referencia para la infancia en el caso de consumo de bananas, lo que implica un posible riesgo para la salud a largo plazo.

Otro concepto clave del estudio es la "bioacumulación", es decir, la capacidad de los organismos vivos para almacenar contaminantes en sus tejidos porque las plantas absorben metales del suelo a través del sistema radicular y, dependiendo de la especie, pueden trasladarlos a frutos, hojas o tubérculos, que potencialmente pueden ser consumidos por las personas. 

En este sentido, un hallazgo especialmente relevante tiene que ver con los óxidos de hierro, minerales muy abundantes en los relaves mineros. Durante años se pensó que estos compuestos actuaban como una especie de "esponja química" capaz de retener metales y reducir su disponibilidad para las plantas. Sin embargo, el estudio demuestra que en ambientes como los estuarios, donde existen cambios constantes en las condiciones de oxígenos, lo que se conoce como "ambientes redox activos" estos óxidos pueden disolverse y liberar de nuevo los metales a nivel edafológico.

UNA ADVERTENCIA INTERNACIONAL

Más allá del caso concreto del río Doce, el estudio lanza una advertencia que trasciende fronteras pues muchos suelos agrícolas del mundo están sometidos a procesos de contaminación crónica sin que se realicen controles suficientes. Por eso los autores insisten en la necesidad la bioaccesibilidad, un término técnico que se refiere a qué parte de los contaminantes presentes en los alimentos es realmente absorbida por nuestro organismo tras la digestión.

En definitiva, la investigación recuerda que la seguridad alimentaria no depende sólo de producir suficiente cantidad de alimentos, sino también de entender los procesos químicos y biológicos que determinan qué llega exactamente a nuestro plato. Porque, como sugiere la propia investigación, el camino de los residuos a la mesa puede ser mucho más corto -y más peligroso- de lo que imaginamos.